Y Juan Gila Catena, hijo de Valentín “el de Gila” y Juana “la Perichasa”, nació el 3 de julio de 1953. Tuvo una hermana, Ana, que murió a una corta edad.
Tenía solo 14 años cuando empezó su vida como estanquero. Juan José Fernández Román pidió a D. Antonio “el practicante” que le recomendara algún chiquillo que pudiera ser apropiado para trabajar en “el Estanco”. D. Antonio, que le tenía mucho aprecio a Juan y lo consideraba una persona muy válida, le recomendó a mi padre.
Tras unos meses formándose, empezó a trabajar oficialmente, ya dado de alta, el 1 de enero de 1968, cobrando 700 pesetas. Por lo que se ve, pronto demostró que valía para el puesto que Juan José buscaba, porque, según la nómina de enero de 1969 —que todavía conserva—, su sueldo había aumentado hasta las 1.177,63 pesetas.

Trabajaba en el Estanco toda la mañana, iba a la escuela de 15:00 a 17:00 y, al terminar, volvía a engancharse por la tarde. Terminó aquella educación básica, pero en el Estanco continuaría con ese horario de mañana y tarde durante unos sesenta años más… y los que le queden, aunque ya a otro ritmo.
Hasta 1979 estuvo trabajando con “Paco el Estanquero”. Ese mismo año se casó con María, hija de “Bastián el de Litros” y “Manuela la del Pintao”. Sí, la hermana de Rosa, la que “está casá” en Bedmar; Bartolo Litros y Manoli la del Horno.
A partir de entonces, María también empezaría a formar parte “del Estanco”. Durante al menos cinco años lo hizo de forma desinteresada —siempre ha sido una ONG— y, después de tener ya a los dos churembeles, “la Chiqui” y “el Valen” o “Jesús”, dependiendo de con quién hables —el actual estanquero—, ¡por fin fue dada de alta!

El Estanco en el que Juan empezó trabajando, y al que más tarde se incorporaría María, estuvo situado en la calle Abogado Mesías, junto al Reloj, hasta el año 2000, cuando se trasladó a la plaza Mesones, donde estaba el antiguo Casino.
El Estanco, como bien define Cristina Contreras en su libro La memoria impresa de Albanchez, siempre ha sido “un bazar del día a día”. O, como siempre se lo he descrito yo a mis amigos que no eran del pueblo: “Mis padres tienen un Corte Inglés de pueblo, pero CON ESTANCO”.
En 1990 se asociaron con Juan José, aunque el negocio no fue suyo hasta el 22 de agosto de 2008. Aun cuando dejó de ser su jefe, Juan José siguió siendo un gran amigo de la familia y una persona a la que estuvieron agradecidos durante toda su vida. Él y toda su familia fueron una parte importante de la nuestra.

Y es que Juan, María y, ahora, Jesús tienen muuuucha paciencia y siempre han estado a disposición de todo el pueblo. Todo lo que se les pidiera —o se les pida actualmente— van a hacer lo posible y lo imposible por conseguirlo.
Habrá quien diga que lo hacen por ganar dinero. Obviamente, el Estanco es un negocio. Pero muchas veces han trabajado de forma desinteresada.
Y, si no, que se lo pregunten a muchos de los senegaleses que vienen para la aceituna. Cuando regresan y no es su primer año, una de las primeras cosas que hacen es venir a saludar “a los del Estanco”.
Muchos de ellos se llevaron, sin poder pagarlas en ese momento, sus primeras botas para la aceituna, un polar, una recarga para poder llamar a sus familias o incluso el tabaco. Porque, aunque algunos piensen que eso último no es necesario, mi madre siempre ha pensado que hay quien no puede vivir sin ello y que, antes de que lo pase mal, prefiere dárselo.
No siempre era regalado. La mayoría de las veces volvían a pagarlo cuando cobraban su primer jornal. Pero ellos se lo habían dado aun sabiendo que podían no cobrarlo. Simplemente porque, cuando era la primera vez que venían, ni siquiera los diferenciaban.
Y otras veces, incluso con gente conocida y del propio pueblo —y esto sí que les ha molestado siempre—, han sido ellos quienes han terminado pagando los puros de la boda de alguno o los electrodomésticos de la primera cocina de alguna otra persona.
Y es que muchas veces no valoramos la importancia del comercio de cercanía.
Cuando sucedió lo del COVID, les pedí que no abrieran, que no necesitaban exponerse. Su respuesta fue que de eso nada, porque había gente mayor a la que, si ellos no le acercaban las cosas, nadie se las iba a hacer llegar.
Cuando compramos por internet, en Mancha Real o en el Nevada, muchas veces no pensamos en esto. Para nosotros puede ser lo fácil: comprar y que nos lo traigan hasta el escalón. Pero la abuela o la vecina de 80 años —que cada vez hay más en el pueblo— quizá no pueda comprar de esa forma.
Y si al final dejamos de consumir en el pueblo, llegará el momento en que esa abuela no podrá comprarse ella misma unas zapatillas de paño o una barra de pan. Porque vemos que en Mercadona venden tres por un euro, pero no pensamos en quien se levanta a las dos de la mañana para que podamos comernos un pan como pocos hay en la provincia.
Y, volviendo al Estanco, pocos pueden imaginar lo complicado que es para María comprar para sus clientes.
Lo fácil sería comprar pantalones desde la S hasta la XL, dos por talla y listo. Pero en los almacenes, donde ya la conocen, saben que ella no puede comprar de esa manera porque, si lo hiciera, acabaría todo el pueblo de uniforme. Le cuesta la misma vida ir seleccionando lo que cree que puede gustarle a cada uno.
Yo estoy segura de que mi madre fue la creadora, sin saberlo, del término “personal shopper”: esa persona que asesora y ayuda a sus clientes adaptándose a sus gustos y presupuestos.
Porque María va a comprar con la lista y pensando:
“Esta bata para Paquita o Juanita, para que no le dé calor… Estos bolsos para las más mayores, para cuando tienen que ir de médicos a Jaén, que les quepan todas sus cosas…”
Y así compra pensando en todo aquel que se lo pida.
Por no hablar de cuando tiene que preparar el escaparate. Cada vez le cuesta más trabajo y se pasa los dos días siguientes con agujetas de lo difícil que es moverse dentro para colocarlo. Pero cuando le digo que no se complique más y que lo tape, me responde que de eso nada: que eso le da vidilla al pueblo.
En Navidad, en las fiestas… y también a las que vamos a desayunar todas las mañanas, para que nos sirva de distracción.
De los números se encarga Juan, que también tiene tarea. De los repartos y de conectar una lavadora, una persiana o un somier, Jesús. Y es que forman un tándem en el que ninguno podría vivir sin el otro.
Pero este equipo no sería tal sin la parte más importante: los clientes. O, mejor dicho, las personas con las que tratan cada día y sin las cuales “el Estanco” no habría existido. A todas ellas les estarán eternamente agradecidos.
Y a vosotros, Juan y María:
¡GRACIAS!
Gracias por estar siempre, dentro y fuera del mostrador, para todo lo que necesitamos.
Y ¡GRACIAS POR HABER SIDO Y SEGUIR SIENDO LOS PADRES Y ABUELOS QUE SOIS!
Gracias por haberme transmitido valores tan importantes como el trabajo, la constancia y el compromiso, pero, sobre todo, LA EMPATÍA.
Una empatía de la que creo que a veces hasta reboso, pero es que la he mamado de vosotros.
Y quizá por eso me duele tanto ver que, cada día, al mundo que nos rodea le hace un poquito más de falta…
- Categoría:
- Municipio:
- Provincia:
- Tipo:
- Tipo de fuente:
- Quién lo cuenta:
- ¿Está vivo actualmente?:
Contenido relacionado
- Categoría:
- Municipio:
- Provincia:
- Tipo:
- Tipo de fuente:
- Quién lo cuenta:
¿Cómo prefieres aportar?
ANTES DE EMPEZAR. *Lee nuestra Guía para publicar bien
Envía tu historia lo más natural que quieras: un audio, una foto, un vídeo o unas líneas escritas desde el móvil.
Formulario web
Completa tu aportación con más calma desde la web. Ideal para escribir textos largos y añadir varios detalles.




Comentarios
0 comentariosTodavía no hay comentarios publicados.