Pocos pueblos pueden mirar tan atrás. Antes de llamarse Albanchez, antes incluso de tener un nombre, estas laderas ya estaban habitadas: hay quien pintó en la roca de la Serrezuela hace más de seis mil años. Esta es la historia de cómo aquella presencia se fue convirtiendo, siglo a siglo, en el pueblo que hoy vive a los pies de Sierra Mágina.

La huella humana en este término se pierde en el tiempo. El testimonio más antiguo son las pinturas rupestres de la Serrezuela de Albanchez, algunas con más de seis mil años, que hablan de gente que ya cazaba, se reunía y dejaba señales en la piedra mucho antes de que existieran ciudades, fronteras o mapas.
Los primeros pobladores con nombre fueron los oretanos, de la familia de los íberos, que comerciaron primero con fenicios y después con griegos. Por estas tierras pasaron también tartesios y turdetanos, hasta que los cartagineses tomaron el control. Cuando Aníbal fue derrotado en Zama, Roma llegó a Andalucía: de aquella época quedó Campaneana, señal de una población romana importante. Más tarde, San Eufrasio, obispo de la actual Andújar, trajo el cristianismo a estas laderas.
En el año 711 llegaron los árabes y Albanchez pasó a manos musulmanas. Durante la revuelta muladí de finales del siglo IX, un caudillo llamado Ibn al-Saliya se hizo fuerte en Sumuntán, al pie de Sierra Mágina, y levantó castillos y edificios por toda la comarca. A esa época y a ese constructor se debe el castillo de Albanchez: la fortaleza en torno a la cual el caserío fue creciendo y tomando forma. Buena parte de lo que hoy es el pueblo empezó, literalmente, mirando hacia ese castillo.

En el siglo XIII, Fernando III reconquistó el territorio con la ayuda de la Orden de Santiago, y durante casi dos siglos Albanchez fue una aldea dependiente de Bedmar. El cambio llegó en 1419: por privilegio real, Albanchez recibió el título de villa y dejó de ser aldea. Aquel fue su verdadero acta de nacimiento como pueblo con voz propia, con su primer alcalde, don Luis López de Mendoza, al frente.
La independencia no se ganó de golpe. En 1492, tropas de Albanchez participaron en la toma de Granada. Y en 1575, cuando la villa salió a subasta, fueron los propios vecinos quienes consiguieron quedarse con la propiedad, frente a todo lo que ofrecía don Luis de la Cueva. La larga separación de Bedmar aún tardaría siglos en cerrarse: los deslindes entre ambas villas no terminaron hasta 1820, poniendo fin a una mancomunidad que había durado casi cuatrocientos años.

El nombre del pueblo también cuenta su historia. Durante siglos fue, simplemente, Albanchez. En 1916 pasó a llamarse Albanchez de Úbeda. Y en el año 2000 adoptó el nombre que lleva hoy con orgullo: Albanchez de Mágina, el que lo une para siempre a la sierra que lo vio nacer.
Un vistazo a Albanchez de Mágina
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