En la cara Este del cerro Aznaitín, muy cerca de su cima, se encuentra la legendaria Cueva del Tío Malverano, en la que según cuenta la tradición, todavía hoy se encuentra escondido un fabuloso tesoro.
Fue en la época de la reconquista, en la primera mitad del siglo XIII, cuando Fernando III ocupa los castillos de Bedmar, Albanchez y Torres, que serían durante casi dos siglos primera línea de frontera entre Granada y Castilla. En su precipitada huida de esta zona, un rico moro conocedor de esta cueva, la eligió como lugar donde esconder toda su fortuna, para evitar llevarla consigo y prevenir posibles hurtos durante el camino.
Este acaudalado señor tenía la absoluta certeza de que su ausencia sería transitoria y pronto volvería a su hogar, y podría recuperar el tesoro que se disponía a ocultar. Pero quiso Dios que el destino lo topase con un joven cristiano, natural de Albanchez, que se hacía llamar Malverano. Al joven le extrañó ver a este personaje con una carga tan pesada por unos terrenos tan escarpados. La curiosidad le hizo seguirlo con gran sigilo para evitar ser visto y lo vio entrar en una cueva de la que salió pasadas varias horas, pero esta vez sin carga. Malverano pensó que la fortuna le sonreía pues lo que portaba no podía ser otra cosa que un tesoro.
Pasados unos instantes se dispuso a entrar en la cueva para rescatar su botín. Pero cuál sería su sorpresa al encontrarse con una inmensa gruta laberíntica llena de infinidad de estrechos pasillos, muchos de ellos inaccesibles. Fueron muchos días de infructuosa e incansable búsqueda. Sin perder el ánimo se hizo pastor para poder estar cerca de la cueva y, así poder dedicar largas jornadas a la búsqueda. Y así transcurrieron muchos años, pero el tesón del tío
Malverano hizo posible el hallazgo del codiciado tesoro, aunque se encontraba ya en el ocaso de sus días. Malverano comprobó maravillado que era algo fastuoso pero muy pesado. Tras pensarlo mucho decidió pedir ayuda para sacarlo de la cueva, así que lo dejó tal y como estaba y se dirigió a Albanchez. Una vez en el pueblo, le confesó a un grupo muy reducido de amigos lo que se había encontrado. Pero antes de partir hacia la cueva, el corazón del tío Malverano comenzó a fallar, posiblemente a causa de la emoción y la avanzada edad del anciano. Era de esperar que la muerte estaba muy cerca y el tío Malverano quiso aprovechar sus últimos alientos de vida para aclarar la ubicación exacta del tesoro dentro de la cueva, pero solo pudo decir: “Frente a la cabeza del toro está el tesoro”.
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