Entre las antiguas costumbres del Carnaval de Albanchez de Mágina, pocas resultaban tan singulares como “echar los bordos”. Durante años, la llegada del Carnaval transformaba las calles del pueblo en escenario de una curiosa mezcla de juego, travesura y cortejo entre los jóvenes.
Los bordos proceden de la enea, una planta que crece en terrenos húmedos y zonas próximas al agua. Su característica espiga alargada y de color oscuro esconde en su interior una enorme cantidad de pequeñas semillas provistas de una pelusa muy ligera.

Al madurar y deshacerse el bordo, esta pelusa se desprende con facilidad y queda flotando en el aire antes de adherirse al pelo y a la ropa.
La preparación comenzaba mucho antes de que llegara el Carnaval. Los bordos se recogían durante el verano, cuando todavía permanecían enteros, y se guardaban durante meses, tradicionalmente entre paja, para que fueran secándose. Así, cuando llegaba el Carnaval estaban suficientemente maduros para abrirse con facilidad; entonces sólo bastaba con desgranar el bordo con las manos para obtener una nube de pelusa blanquecina. Los jóvenes la recogían en el puño y esperaban el momento oportuno para lanzársela a otros vecinos. Una vez liberadas, las semillas se extendían con enorme facilidad: se enredaban en el cabello, se pegaban a la ropa y permanecían suspendidas durante un tiempo en el ambiente.
Aquello que a primera vista podía parecer únicamente una gamberrada tenía también un componente de galanteo. La memoria popular relaciona la cantidad de bordos que un muchacho echaba a una joven con el interés que sentía por ella. De esta forma, provocar una buena nube de pelusa podía convertirse en una peculiar manera de hacerse notar ante la muchacha que le gustaba. El Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico también recoge esta antigua dimensión del ritual dentro del Carnaval de Albanchez.
La costumbre llegaba a adquirir tal intensidad que las calles podían terminar cubiertas por aquella pelusa, dando al pueblo un aspecto muy diferente durante unas horas. El material era además extremadamente ligero y permanecía adherido durante bastante tiempo a prendas y cabellos.
Los bordos son un buen ejemplo de cómo antiguamente los recursos del entorno acababan formando parte de las fiestas y de las relaciones sociales.
Con el paso del tiempo la tradición fue desapareciendo. La enorme cantidad de partículas que libera la enea podía ocasionar molestias importantes, especialmente si entraba en los ojos, la nariz o la boca, y resultaba problemática para personas con alergias, asma o afecciones respiratorias. Por estos motivos se decidió dejar de practicarla de la manera tradicional.
Aunque hoy ya no se arrojen como antaño, los bordos permanecen en la memoria de la gente de Albanchez. Su interés va más allá de la anécdota: recuerdan una época en la que los jóvenes utilizaban las propias calles del pueblo como espacio de juego.
La tradición quedó además documentada por el Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico dentro del Atlas del Patrimonio Inmaterial de Andalucía bajo la denominación Los Bordos de Carnaval, identificándola específicamente con Albanchez de Mágina.
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